viernes, 11 de diciembre de 2020

ES MI DEBER MORAL


 Es mi deber moral como persona y ser humano compartir la carta que ha llegado a mis manos, quienes me conocen bien saben de mi honestidad, por eso lo hago, tal y cómo la recibí la comparto:

Debo confesar que acepte este encargo por negocio, eran muchos ceros después de un cien lo que vi en la transferencia registrada en mi cuenta bancaría, como especialista en bilogía molecular y bioquímica celular egresado en la universidad de Tel Aviv, Israel y con doctorado en biotecnología en Cambridge, U.S.A. mi vida económica era holgada, pero quise más, quise tener una Isla propia y lo conseguí, viajar con mis hijos a cualquier parte del mundo, ahora tengo mi avión particular y creí poder hacerlo, pues lo único que me lo impedía era el tiempo, todos los días de todos los años en el laboratorio, de modo que acepte la encomienda, no me dieron explicaciones, cuándo me di cuenta era tarde.

No pido disculpas, no creo tenerlas con el cargo de conciencia es suficiente, ni el dinero que gané me librará de la carga en mi cerebro, no estoy aquí para hablarles de la culpa.

Cómo antes dije me pagaron y puse manos a la obra, me entregaron una docena de virus y pusieron a mi servicio científicos y equipo del más alto nivel, y empecé mi trabajo se me dijo que creara una vacuna que detuviera el SARS y eliminara sus mutaciones, trabaje sin parar en el laboratorio con las cepas que me entregaron, hubo una en particular que llamo mi tención se parecía a la fiebre aviar pero multiplicada, me di cuenta al ir mezclando y haciendo pruebas el virus muto y se hizo muy poderoso y sobre todo extremadamente fácil de diseminar, pues el solo roce de la piel de un roedor a otro los hizo enfermar.

En cuestión de semanas todos lo roedores de prueba perecieron, no me asuste, seguí trabajando ya que si el virus muto y se fortaleció podía en unos meses hallar un antídoto, en cuánto informe de la mutación a su científico en jefe, se le ilumino la cara de alegría y se llevo las muestras, le dije __aún no hallo la vacuna.

No me sorprendió cuando fuimos a comprar más animales para experimentar en ellos,

 así de paso conocíamos sus defensas y podíamos estudiarlos, hasta me tomaron muchas fotos con las jaulas donde los llevaban.

Trabaje un año más, tras fracaso y fracaso no me vencí, hace ocho meses miré con entusiasmo un murciélago infectado al que le administre diario diez mililitros de mi nuevo antibiótico y cuya recuperación era notoria.

Al mismo tiempo mientras comía en mi lujosa mansión y le decía a mi mujer y a mis dos hijos  mis nuevos avances, mi ambición crecía.

Hace dos semanas cuando volví a casa no me extraño no hallar a nadie, más tarde y por ocio al revisar las cámara de vigilancia, supe que a mí mujer y a mis dos hijos los habían secuestrado con lujo de violencia.

Pero aquella noche comíamos contentos por mi logro, cuándo vi en las noticias el brote de una enfermedad cuyo contagio se propagaba a una velocidad letal por el mundo y me quede perplejo y lleno de rabia al oír la opinión de los médicos e informarme con mis colegas de que los síntomas eran casualmente idénticos a los que experimentaron mis roedores de prueba, no cabía en el asombro al oír que culpaban a la mezcla de virus y bacterias en los pobres animales, justo los que fuimos a comprar en aquel mercado, serpientes y changos y murciélagos.

Cuando exigí una explicación a mis empleadores estos se rieron argumentando que solo era una coincidencia, más al correr de los días mi temor tuvo una base, pues la epidemia se volvió mayúscula y vi claramente que habían usado mi mezcla en la mutación de esos virus.

Tuve una reunión al más alto nivel vino gente poderosa de distintas naciones a felicitarme junto a mi equipo que también es de muchos países, el Dr. Wuang fue asesinado frente a mis ojos cuando azotando la copa de coñac contra la mesa dijo: "No estoy de acuerdo, asesinos, criminales", su cabeza fue reventada por más de cinco balazos.

Y entonces empezamos a trabajar bajo amenaza de no volver a las familias, la obligación era  hallar la cura, pensé y le dije a mis colegas, __podemos lograrlo, y trabajamos noches y noches sin ver el día, perdimos a la Dra. Zantis, pues su traje aislante falló y la recluimos en cuarentena y  la vimos consumirse, sé que esto no es importante y me odiaran más.

Hace unas noches, al fin pude decir  !Dios mío, dios mío, gracias, gracias!,  vimos los virus inhibirse en  el paciente X un chimpancé que mostraba franca evolución después de estar conectado a un respirador y con neumonía.

Grite feliz cuando otros animales de prueba infectados se recuperaron, al mismo tiempo sentí alivio pues ya en el mundo se había diseminado el virus y la gente moría, pedí más equipo, vinieron por la vacuna y se la llevaron así sin más.

Más eso no es lo peor, me obligaron a producir más mutaciones y como en el juego más macabro jamás realizado, fui testigo de como diseminaban el mal, no importa si me creen, mi obligación es hablar, sé que no hallaré a mi familia y espero no me encuentren pues cuando se conozca esta carta estaré lejos, aunque me pregunto, __lejos de que o de quien?, si están por todo el mundo, ojalá y no me encuentren.

Fui cómplice y testigo del modo en que lo propagan, es tan vil que ustedes se reiran incrédulos, miré y vacíe miles de ampolletas en una mezcla de cristales de azúcar, caramelo, cafeína, extracto de vainilla y glicerol, si ríanse, ríanse  de mi y tal como lo leen vaciamos el virus en esa agua carbonatada  con sabor a cola que es tan popular y se  vende en todo el mundo, es ahí donde mezclamos la cepa.

Buenas noches mundo.

Atentamente : Dr.Virus.

Carlos Martínez Villanueva.

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