Envejeciendo en el lugar de las palabras, callejón de extravío, donde no se concilia el sueño sin zozobra, emparedado al silencio, horas de tormento, arrastrando la mente por las paredes, persiguiendo imágenes, asado en fiebre, sorprendido en la aurora, oh buen Dios! y en tu gloria amanece.
OMILCAR CRUZ
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