(Soliloquio brevísimo dicho a cámara de adulto, hombre o mujer con vestuario sencillo, cotidiano, y en espacio abierto y despojado. Intenciones, recursos de la voz, mímicas y corporalidades en general dependerán de lo que se dice, de lo que expresa la verbalidad.)
La vida como una carrera de caballos. ¡No, No, No!
¡No corro! (Pausa.) No soy el corcel ganador: El super corcel. Ni soy el corcel perdedor. No compito excepto conmigo. Soy quien gana y quien pierde: Quizás corcel de fuego y corcel de agua. Corcel de humo y de humedad. Limón y, o, naranja. Calabacín y, o, calabaza. Lucidez y locura. (Pausa.) Uno es todo o no es algo y entonces la nada. (Pausa.) No duermo. El insomnio es mi pesadilla. Que no mi sueño. Hay que reconstruirse desde sí y desde quien y quienes aman. Con los años uno no puede quedarse sin respuestas. No como un pozo sin fondo de acumular preguntas en ausencia de manantiales. Y no hablo de infinito sino de vacío a rechazar. No hablo de sumas sino de estupores y sin sentidos a restar. (Pausa.) Parece que se maldice, pero no: ni maldiciones ni quejas, ni resignaciones ni salmos, sí conjuros y ensalmos y asombros y hallazgos, así… así… así del vivir y de la carrera, irguiéndose.
Del libro Espumas de luces de FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES
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