martes, 24 de noviembre de 2015
ESTABA SENTADO
Estaba sentado,
absorto en su mirar.
Mirando a la nada,
de la que un día
se pudo alejar.
Contaba las horas,
los segundos y más.
Pero en cada aguja,
el movimiento se iba
sin nada pasar.
La mañana lo miro,
dejándolo esperar.
La tarde lo ignoró,
sin darle una señal.
El seguía ahí
aguardando sin aguardar.
Hasta que la Luna
le sonrió,
al verle al fin llorar.
Donde él comprendió,
que solo ya no está,
en su mundo
de oscura soledad.
Ricardo Campos Urbaneja.
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