lunes, 22 de junio de 2015

RECORDÁNDOLOS


Soñé un campo de mazorcas maduras.
¿Pueden verlo?
Allí arriba una nube se desplaza
y moviendo las alas
-a veces para un lado,
a veces para otro-
toma formas que aparecen y se diluyen
como jugando en un pelotero de azúcar.
Díganme:
¿son ustedes que soplan burbujas
en un burbujero de lluvia?
Emilia, olvidaste tus botas,
esas que no te quitabas ni para dormir.
Ya sé que ahora no te hacen falta.
Ahora sos de nube y sueño.
Nada te toca y nada se te parece.
Ahora tienes todo el cielo
para salpicar de azul sin mojarte...
Tomás, cuida a tu hermanita.
Por supuesto que no corre ningún peligro,
pero el peligro de sus travesuras
puede volver el horizonte de fuego
y tirarnos piedritas de colores
hasta hacer del mundo un espejo a su antojo.
Ya no será tan traviesa, supongo.
O sea que ahora podrás dedicarte
a tus juegos de números,
a levantar ciudades con edificios rigurosos
y cabras pastando en montes vecinos.
Ahora podrás descifrar los fenómenos de la naturaleza,
tendrás las respuestas para tus "-¿Y ahora qué?-",
podrás ser el niño simple que debiste ser...
Y tomarás de la mano
a tantos niños solos que se te acerquen
y les pondrás maravillas en los ojos
porque tu destino fue siempre la maravilla.
Yo miraré todas las tardes hacia el horizonte
y cuando vea un verde de humo bíblico
que se abre detrás del silencio,
sabré que están con los crayones
explotando de color la vida,
las dos vidas:
aquella que ambos nutren ahora con júbilo
y desafiando a la otra,
la vida nuestra,
que se ha quedado tan vacía,
entrañablemente torpe, con ropas y juguetes,
patinetas, dibujos, ecos, sombras, canciones,
y este collar de llanto
que intenta retenerlos un poco,
solo un poquito más...

Del libro A LA MEMORIA DE EMILIA Y TOMÁS BALDASSI de NORA NANI (Leones-Córdoba-Argentina)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 102

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