La luz de la luna entra sin pudores
por el abierto balcón.
Afuera los innumerables rostros de la noche.
edificios, árboles, alumbrados distantes.
Casi sin gritos ni autos
la calle es una perfecta desconocida.
Como esa mujer que se fue hace tanto tiempo
y que duerme en la mitad de la cama vacía.
Ese hombre no quiere más dormir solo
en su mitad —la otra mitad del desamparo
se niega el derecho a dormir.
Simplemente acostarse
y sentirla respirar es un golpe bajo.
Él también se fue hace mucho tiempo
tanto
que no sabe cómo ni para qué
ni si vale la pena volver.
Francisco Alberto Chiroleu -Argentina-
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 63
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