domingo, 21 de junio de 2015

MI ALBERGUE


El canto del petirrojo
me suelta una sonrisa
desde el cielo,
por un instante
se ausenta el dolor
que sobra, cuando
necesito que tu boca
me acurruque
por partes y entero,
preciso, de ti;
la claridad del aroma
donde se abre el día
para encarar la batalla.
pueda que le devuelva
calma a esta deriva
intensamente sólida.
Indago entre las hojas
del texto que soy,
sostenido por tus palmas,
una palabra que haga
de tus ojos bonitos
dos rayos
que fragmenten
en partículas redondas
está fragilidad,
veo en tus uñas
la intimidad
transparente del sustento
en el que te has vuelto,
de tus manos aprendo
cada instante,
que cada instante
son tus manos
un prodigio,
ellas hacen la hora
de la lucidez,
y le dan tiempo al tiempo,
gracia a mi percance.
Amada mía, a veces
eres como mi aprieto,
y casi siempre
como mi albergue.

ALBERTO PÉREZ

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