Los recuerdos aparecen
cuando acaban las miradas,
en las voces derramadas,
donde los silencios crecen.
En la memoria adolecen
de pasión los pensamientos,
las lágrimas, los momentos
de ese drama silencioso,
el concurso vaporoso
de todos los ornamentos.
Cuando llegan los recuerdos,
el llanto se torna inútil,
la caricia es algo fútil
y la razón, desacuerdos.
Cuando los pasos son lerdos,
el alma se vuelve duda,
la lengua se torna muda,
nos guiamos por reflejos,
la vida nos vuelve viejos,
ser sabios no nos ayuda.
Los recuedos también mueren,
van de posada en posada,
acabando su jornada,
sin saber aún lo que quieren.
Recuerdos que un día fueren,
la vida de nuestra vida,
esa luz que está dormida,
el árbol que se ha caído,
el niño que se ha perdido,
la mano a la mano asida.
Julio G. del Río -Valencia-
No hay comentarios:
Publicar un comentario