Un hombre hirsuto que febril buscaba
cobijo que a sus hijos le sirviera
en vano se afanaba. Ni siquiera
un árbol bajo el viento que soplaba
crecía entre los riscos y zarzales.
Veía sus criaturas infelices
tremar entre los foscos roquedales,
infancia temblorosa y sin matices
tiñéndose de azul en la montaña...
Hallando en su flaqueza reciedumbre,
perdido de su ira en la maraña,
golpeó en la roca de dureza impar
su puño poderoso y furibundo,
hendió la piedra bruna y construyó su hogar.
Eliana Onetti (Cuba)
Publicado en la revista Pensamiento
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