Cuando estábamos cerrando este número, recibimos la noticia del fallecimiento del poeta Gerardo Sánchez, Catedrático de mimo y expresión corporal, socio fundador del grupo San Fernando, miembro histórico del Círculo Mercantil e Industrial, ateneista de excepción, rapsoda, poeta y, sobre todo, gran persona. Su ingente personalidad, su saber estar y su entrega al arte, hacen que su desaparición de los ambientes culturales sea una grandísima pérdida para Sevilla. A la llegada de su sepelio, he sido capaz de hilar estos versos, que no quisieron dejarse atrapar en su presencia.
MURIERON LOS VERSOS
Hoy me faltas, Gerardo.
Te supe enfermo,
y te creí, como tú mismo,
vencedor del peor de los nombres del zodíaco.
Hace poco, nos regalaste tus versos
vestidos de árboles y sierras,
de cantueso y jara,
de trigales y amapolas,
de trinos de alondras y vuelos de vencejos.
Nos permitiste libar la miel de tu voz,
para llenar los panales del alma
y sellarlos con la cera de tus vivencias.
Nos invitaste a bailar la música de tu palabra
y, en la penumbra de un fructífero silencio,
soñar tus propias fantasías.
Nos animaste a profundizar en tus raíces,
a beber tus sentimientos,
a saciar nuestra sed de belleza
en la incólume hermosura de tu canto.
Hoy, en cambio,
flotaba en el aire la tristeza,
la Giralda vestía luto,
Sierpes lloraba tu ausencia,
y mi corazón rebosaba pena sin palabras.
Sin palabras, sí,
que no pude decirte nada frente a frente,
salvo un Padrenuestro,
que, en tu presencia,
también murieron mis versos.
Agustín Pérez González (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 24
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