lunes, 22 de junio de 2015

ESTÉTICAS DEL HOMBRE PERTINAZ


A León Blum

Y yo, ser social que sin el otro
no me siento mío, sin el poquito de su amor
que me anima y con que distribuye su movimiento
hasta mi paso, me humedezco en la sangre
que derraman los nuevos opresores.

Por eso el nihilista chabacano se sonríe
y un hombre del Vacío se conduele
y un humorista, con dientes afilados,
se jacta de su fe y subido a la tribuna del patíbulo
finge que recuerda que las cosas no cambian.
Que hay principios eternos.

Circunstancias inconmovibles.
Providencias entregadas a la mano,
fiadores de virtud y perfecta sociología
de condiciones, hoy violentas e ingratas.

Hay hombres eternos que son
biografías emersonianas, héroes weberianos.
Hay garantes sociales, históricamente inmutables
y justos. Son quienes concluyen que los medios
de producción ya tienen dueños.

El capitalismo y el libre-empresarismo
son sagrados. Dios es el bendecidor más providente.
Uno (es): el extraviado, germen del pecado original,
uno por terco, por no ver la ley común,
por eximirse del Karma y no dar al César
lo que es suyo, es el ignorante.

Uno, por pertinaz, el que no quiere enterarse
que el capitalismo es eterno, intocable, imputrefacto
y en él, no se halla otra cosa contenida,
que pueda ser llamada principio disolvente,
encadenamiento de procesos antagónicos
es el imbécil, el irracionaloide, el locario.

2.

Y yo, tan terco, que digo que las cosas
son lógicas, dialécticas, cambiantes;
yo, hijo-hermano heraclitiano, que testificó
que en el espacio-tiempo, el mundo vivencial,
el ente instrumentalizado,
todo lo que es visible o invisible, en su desarrollo,
manifiesta el movimiento y el cambio,
veo a los apagadores de luces de las calles,
cantan a las tinieblas de los dioses
del Progreso del Espíritu
pero quitando la luz de las ideas-materializadas.

No se quiere el choque de una Idea inmutable
con la idea que salió de las Cavernas del deseo
para hallarse en lo objetivo, desenmascarada,
harta de sol y luna; y yo, tan terco,
me enojo con el falso lamparero. Lo confronto.

Él evitará la lucha, sofocará la crítica, impedirá
la agonía. Socialmente, él es el benigno.
Sólo quiere el reposo, la quietud de las ánimas,
la noche que no abre el día, porque alega
que el mundo es ciego y, si hay luz, despiertan
los demonios, se moviliza el combatiente,
se desacraliza lo sagrado.

Y me dice, con ese humor que es un resabio
de las risotadas, que él es humanista
y ha visto dioses formados con gránulos atómicos,
extrafinos, subjetivos, casi tersos como sedas
de piel en las sendas del Olimpo,
que no pueden ser mirados desde las imágenes
que nos dan los sentidos.

La existencia objetiva no ha de ser cognoscible
por los sensualismos de Hume
o la prelógica propedéutica
del sofisma de un primate humano.

Y yo, tan terco, alegando que las ideas
no pueden existir en el vacío
y que el ser es la materia entitativa
y el espíritu, energía, su fino resultado
cuando irrumpo en Das Momentum.

Del libro Estéticas mostrencas y vitales de Carlos López Azur -Estados Unidos-
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 65

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