martes, 23 de junio de 2015
EN UN ANTES…
Alzo la áspera vela.
Las ventanas empañadas.
Ha habido muchas lágrimas.
En tantas tierras… siempre son.
¿Quieres tomar un café?
Ya estoy sola.
Aciago recuerdo de todo aquello.
La flor revienta.
Paso volando como alevilla.
Quiero respirar y abrir las puertas,
oír los ruidos de la calle.
Rum…rum…
La niña se asusta.
-Pequeña, te entrego mi luz.
Con devota humildad
la noche se pasea
bajo una menguante Luna
y en las casas,
mujeres y bordados en lino blanco.
Agobiante parpadeo de lámpara.
Días pesados…
Cucarachas se pasean.
Ataviada con enaguas carmesí
veo la vida derretida entre fuegos.
¿Quieres tomar un café?
Interrogación que retumba en los oídos.
Emoción familiar.
La puerta está abierta.
Al fondo se ve la mesa puesta.
Finas tazas de porcelana.
Tierna sonrisa de la anciana.
Me fijo en la calzada,
en mi atavío extraño,
el pañuelo en la cabeza
y en las manchas de sangre.
He aquí la primavera negra,
donde el aire huele a pólvora
y la casa teme ser derribada.
Vacía pluma de congojas.
Estupor y mil miradas.
Sordo sonar de hierros.
Se desató la guerra, ese día.
Después, una taza de café.
Del libro "Sarmiento" de Ana Maria Lorenzo
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