domingo, 7 de junio de 2015

EL CAZADOR


Cada año, desde hacía quince, la cita se hacía ineludible. Era una ocasión perfecta que se aprovechaba para hacer negocios o cerrar operaciones.

En El Refugio se hospedaban unos quince cazadores y, la noche anterior a la batida, era especialmente bulliciosa. Después de la cena, con la copa en la mano, se hablaba y se inventaba sobre piezas cazadas o historias de otras monterías. Satisfechos de sí mismos, arrojaban un porte de autosuficiencia casi insultante.

Solo un hombre parecía mantenerse al margen de la charlatanería. Sentado cerca de la chimenea, limpiaba su arma con especial esmero, comprobaba el seguro y el punto de mira, y en la canana introducía cuidadosamente las balas. Un grupo de cazadores reparó en él:

Por mucho que la limpie…, en los quince años de caza, es el único que nunca ha batido ninguna pieza.
Sabía que se burlaban de su mala puntería; pero lo que todos desconocían, era que siempre utilizaba balas de fogueo.

ISIDORO IRROCA

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