Literatura y pintura.
Aquello en antaño ridículo—hoy es “la verraquera”.
Y el paisaje como lo pensó Van Gogh, pintado a disparos
de la escopeta, navega mi mente.
Vuelan la acequia verde arrastrando helechos,
pájaros negros. Y aunque ahora suene vano el martirio, me veréis
recurriendo al subterfugio, describiendo el personaje. Oh, la gran
Comedia humana: La hora en que la cara más risible, es cruzada
por el guante de la Dama.
La lluvia cayendo desde arriba, hace abrir los paraguas. Los andenes
anegados. Los gritos de los niños pasando la calle en gran descuido.
Si alguno resbala y cae, se pierde una reliquia de la vida.
Y logro escapar de la Ciudad, enredado en el cabello de la muchacha,
el que el viento engloba y parece elevara al cielo.
Tras la inmensidad y en otro Plano. Veo a Van Gogh, pintando girasoles.
Allí reinan el mar y la playa; y él, decora los girasoles, en conchas y caracoles.
El chirrido en una llanta, logra mi regreso a la fría Ciudad.
Y no compro abrigo de invierno por no estar seguro, de vivir hasta pasar
la temporada.
Van Gogh, incide mi vida: Su gran tesón frente al infortunio. El deseo
vehemente de elevarse por encima de la luna. De abandonar como persona,
la incomprensiva tierra. Se suicidó la mano del pintor, y no Van Gogh.
Para envidia de los calidosos: Cuando la Tisis exterminó a Chopin,
Sonó más fuerte el piano.
Del libro TROCITOS DE ELLA EN MÍ de
OMÍLCAR CRUZ RESTREPO -Colombia-
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