¿Te acordás del café de Corrientes y Darwin
cuando eran los 60 pero no lo sabíamos?
La juventud, ansiosa y tersa
preparaba sin temor su sangre sublevada
porque la muerte no entraba en los cálculos.
Hoy pasé por la esquina;
aún parpadeaba, mustio,
cierto ardor de otras horas.
Sobreviviente lánguido
(¿sobremuriente, acaso?)
algo le está faltando a su irse de las cosas;
tal vez el entonces que fuimos,
viudo hoy de un pasado perdido entre las sombras.
Del libro Cielo de Coghlan de
RUBÉN DARLIS -Argentina-
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