Una nube fría
adelantó su paso
por el cielo de enero.
El viento la exhibió con altivez.
La vi acechar
como cuando el espejo
se empecina en alumbrar los ojos
y la tristeza ansía
oscurecer la dicha.
No sé cuántos vieron pasar la nube,
ni cuántos pensaron en ella.
Yo no lo hice.
Y es que uno
es así frente a la maravilla:
la admira,
la lleva adentro
y la comienza a olvidar
y, entonces,
ya no puede distinguir
entre el gozo
y el desconsuelo.
Jorge Bach
Publicado en el blog grupolalunaque
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