miércoles, 16 de julio de 2014

NUNCA CON LOS DEDOS


No comas fruta verde ni te mojes en la zanja
donde desovan los tábanos: de la fruta y el agua
viene el tifus. Las tijeras –y también los cuchillos–
que olvidaste a la intemperie, atraerán algún rayo.
            Quema olivo bendito en las tormentas
–el cielo se desploma: algún pecado cometiste–.
Besa el pan que ha caído aunque hierva de gusanos.
No salgas en la siesta, pues te raptarán los zíngaros.
No pienses mal de tu madre, que podría morirse
            para que vivas como un miserable.
Cubre todos los espejos delante de los muertos;
procura que a ti la muerte no te encuentre en pecado:
Dios es bueno, pero a veces castiga sin rebenque;
            su ojo en cólera criba la conciencia:
si debajo de las sábanas te acaricias, si escupes
a escondidas –o de noche no rezas–, si en el fondo
deseas que se muera el niño que ayer te injurió.
Si acaso se te adhiere la hostia al paladar,
            nunca te la despegues con los dedos:
es Dios, y por tu culpa estará en vilo el Universo.

Guillermo Pilía -Argentina-
Publicado en Suplemento de Realidades y Ficciones 60

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