I
Compañera del alma, compañera,
en tu carro me subo y voy contigo,
quiero estar a tu lado como amigo,
que lo mejor a diario de ti espera.
Tus SONETOS me gustan, de manera
que, embriagado en sus versos yo los sigo,
me resguardo tras ellos a su abrigo
mientras miro su estampa desde afuera.
Bien vista ésta, me adentro en su interior
y allí veo olear un mar de amor
que me invita a bogar con frenesí.
Sigo en el oleaje del querer
y voy bogando en él con gran placer
sintiéndome feliz de estar allí.
II
Tus versos han venido a despertar
la savia de mi amor que anda en letargo,
está pasando por un trago amargo
que no es muy agradable de tragar.
Tu verso me ha ayudado a aminorar
este trance que ya va siendo largo,
parece que me vino por encargo
y yo le abrí mis puertas para entrar.
En su cóctel con savia del amor
además con su brillo y su color
cada SONETO me ha ido restañando
las grietas que en mis carnes ya notaba,
¡era tal el placer cuando goteaba
el estaño, que el corte iba sellando!
III
Tus soneto me cortan el aliento
y me dejan a medio respirar,
me trago la saliva y vuelvo a andar
sin alejar de ti mi pensamiento.
Al tenderles mi vista me contento
porque veo en cada uno un amplio mar
de efervescente amor; y su olear
parece que me roza y que lo siento.
Tal vez sea un trasueño o que mi duende
al soplarme al oído así me vende
la estampa presencial de tus SONETOS.
Aún no se definir lo que esto sea,
pero es cierto y verdad que me recrea
releer tus cuartetos y tercetos,.
¡¡que unidos son SONETO, ¡que carajo!,
a los que tú das vida en tu trabajo…!!
Manuel Mejía Sánchez -Ciudad Real-
Publicado en la revista Arena y Cal 208
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Hace 4 horas
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