viernes, 8 de noviembre de 2013

COMBATE

A Ezequiel, mi padre

Observo en la mirada de mi padre
las siluetas de dos hombres defendiéndose uno de otro
como si fuera de verdad aquella afrenta
la más dolorosa de sus días.

Hay golpes en la vida que no dejan rastro de combate,
que se diluyen pero calan en la médula
y descascaran los nudillos
hasta que el hueso,
entre la pulpa y el coraje, se mezcla
con la savia de aquel árbol
que tatuamos con las armas de la infancia.
Sobre la mirada, siempre firme, de mi padre
la función de box de cada sábado
se vuelve un diminuto baile;
no hay épico combate
que le ponga un uppercut
a su silueta.

Entre sus puños
puedo contemplar las huellas,
las falanges engrosadas,
el rastro añejo de los golpes,
el pulgar izquierdo y corvo
que inútilmente intenté recomponer
y alzarlo entre mis dedos
cuando en las tardes me escoltaba junto al río.
Observo la función de box,
y mi padre a un costado mío
me protege como manager en la pelea.

Mi padre ahora duerme reclinado en su sillón,
me toca a mí seguir peleando.

Leonardo Iván Martínez -México-
Publicado en Periódico de Poesía


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