Quise enfrentar mi sombra con tus ojos
-hallar una certeza en un vacío-,
y pobre corazón, y desvarío,
ya me nublan la frente los piojos.
Añoraba besar tus labios rojos
-cuando llega el invierno y hace frío-,
y al cerrar cauces, donde fluye el río,
la muerte se desborda en mis rastrojos.
Un hombre donde había una mujer,
soné que te quería, que te amaba;
y anochezco, sin ver amanecer.
Con la luna traspuesta en la alcazaba
algo oscuro empieza a florecer.
...Y alzo el velo de Dios: y Dios no estaba.
Antonio Ramos Olmo
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