sábado, 6 de enero de 2018

EL BANCO DE LOS SUEÑOS


Había pasado un tiempo sin saber nada de ella. Estaba solo en casa y el teléfono me pilló desprevenido.  ¿Diga? –contesté mecánicamente.
-Soy yo –repuso una voz serena que lo dejó todo en silencio.
-¿Tú?… ¿Desde dónde me llamas? –susurré con palabras temblorosas.
-¿Eso es todo que se te ocurre decir? Quizás deba colgar…
-No, no cuelgues, no cuelgues… Estoy recuperando el aliento.
-¿Hasta ese punto te he sorprendido?
-Hasta ese punto.
-¿Me amas todavía?
-Más que nunca.
-Entonces nos vemos en el banco de los sueños.
-Imposible, el banco desapareció  cuando arreglaron el parque…
-¿Y quién ha hablado del parque? Nos vemos en el banco de los sueños, se encuentre donde se encuentre. Si me amas, sabrás llegar hasta él. Si no me amas, no hace falta que salgas de tu casa, porque nunca lograrás encontrarlo. Pero atiende bien: ocurra lo que ocurra, yo estaré allí, esperándote, como las noches del invierno esperan la salida del sol.

Del libro Los territorios de la inocencia de Mariano Estrada 

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