jueves, 25 de enero de 2018

A MI BRUJA...


Hoy las sirenas regidas por el vaivén de las olas ya no existen. Dejaron el inmenso mar porque necesitaban ser escuchadas, necesitan gritar todo aquello que sus almas vagabundas guardaban en la profundidad de sus pensamientos. Entonces se volvieron mujeres, bellas damas por lo que llevaban dentro, de andar seguro y gracioso, guiadas por la oportunidad que la vida les dio y no pensaban desaprovecharla.
Y comenzaron a gritar a los cuatro vientos todas aquellas injusticias que su sencillo corazón observaba.
Brujas les llamaron.
No porque fueran hechiceros sino por la magia que de ellas emanaba tan sólo escucharlas y leerlas.
Y les quisieron quemar en la hoguera de la indiferencia y del peso de una sociedad tambaleante y oscura... sí, una sociedad oscura que pretendía apagar la luz de esperanza que de ellas emanaba.
¡Pero no lo lograron!
Pareciera que se están multiplicando porque han decidido no quedarse calladas y seguir según los preceptos y sabiduría que años de silencio les ha regalado. Cada día son más, porque ese poder se contagia para bien de los que les rodean. Para bien de ellas mismas. Para bien de la vida.

Gracias por contagiar y ser parte de este mundo donde el silencio no tiene cabida.

A mi bruja...

Sophia de Sanz 

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