Nadie reniega del tiempo acá arriba, se es parte del paisaje. La turba y el delirio no llegan, jamás hubo más de doce juntos acá en la mesa o sobre las piedras. Las naves bajaban por donde podían y los niños sabían de la patria del poema perdido. No soy yo, ni es la sangre del espíritu la que reacciona, es la falta de un problema y una bomba que no explota.
Alexis Comamala -Argentina-
Publicado en Realidades y Ficciones 24
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