Es el momento para creer en la vida caída del árbol mudo, con esa voluntad nuestra de hoja seca, de leer tan poco como para reflexionar sobre las cosas que se ven, como si nuestra vida no fuese más que una ráfaga de viento del destino que nos leen en forma de sentencia en los noticiarios que aparecen en medio de nuestros programas favoritos, como si cayesen de regalo en esa tómbola de cosas para comentar con los vecinos. Hay cosas peores que les ocurren a otros… Muerte y terribles sufrimientos en esas semanas de Pasión que se reviven en explosivos destellos de tronos y pasos de oros y maderas preciosas, para acojonar a todos los que pudiesen pensar que la muerte es mala o cruel…¿Qué buscáis incrédulos?… La resurrección existe, existe en cada mañana que despertamos apurando esos momentos que nos mantienen unidos al árbol del que formamos parte aunque nos zarandeen continuamente. Comer y beber del bollo de los vivos en esa insaciable pasión por ver la vida como un espectáculo que pasa ante nosotros. Ser, siempre ser… que lo contrario no existe o no nos interesa.
MIGUEL CAMUÑAS
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