martes, 29 de marzo de 2016

LLOVÍA


Llovía. Lentamente por la avenida, sobre el ronquido de los vehículos y los pasos de los semáforos, sobre el grito exasperado de las ambulancias, sobre las huellas de las aceras y las sombras de los árboles, sobre los vaporosos ventanales de las cafeterías y los escaparates de los comercios, sobre los pasillos de los mercados y las fachadas de los edificios, sobre los negros paraguas y los plásticos de los quioscos, sobre la desnudez de los tejados y la roja solería de las terrazas, sobre los patios de los colegios y los verdes jardines de los parques, sobre el silencio de los cementerios y la callada piedra de los conventos, sobre la desnudez de los campos y el cimbreo azul de los ríos, sobre el desconsuelo de las cárceles y el sufrimiento anhelante de los hospitales, sobre las horas vacías y lentas de la tarde… Llovía incesante sobre la ciudad, aún en contra de las predicciones televisivas de los meteorólogos.

ISIDORO IRROCA

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