Teje Eros un hábito,
una morada para descansar de tanto ruido,
de tanto respirar, a veces sin motivos
Teje Eros un hábito, y lo teje…
en la urdimbre de la araña atómica que soy.
Yo no he pedido ser araña,
ni tela en la que dibujar lágrimas.
Nadie me preguntó si quería pasar
por ese canal tan estrecho como el río de la muerte.
El canal del parto, el canal por donde me parto,
y me reparto, y me convierto en vertebrado
con lo bien que vivía como pez en el agua,
en ese mar lleno de pétalos en calma.
Pero la rueca de Eros,
al contrario de la rueca de las Moiras,
teje y vertebra, los canales por donde
transitan los deseos, las pasiones,
las manzanas de tantas "Evas y Evos".
Teje la raíz por donde afloran los días.
Días de paz, de muerte, de desierto, de destierro.
¿Quién fue el primero que supo que era hembra,
o macho? ¿Que era persona con sexo?
Con seso, y con sexo, con-senso,
de ganas, de caricias, de amor, de deseo…
sin tejer urdimbres. Cada uno teja la suya.
Sin saber qué boca te va a traer el alimento,
como el ave recién descascarillada,
que busca en la boca de su progenitor,
el maná hacedor de vida,
hacedor de vientos, hacedor de cuevas infinitas,
por donde discurre el tiempo.
El tiempo, el deseo, el misterio de estar vivos.
Estar vivos caminando sin espacio ni tiempo.
Manuela Bodas Puente (Velleguina de Órbigo, León)
Publicado en la revista Aldaba 29
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