Poesía. Bello arte que juega con las palabras, que las moldea sutilmente para darles graciosas formas; que expresa con ellas los más crudos sentimientos y los amores más sinceros y profundos; que esculpe con tiernas letras delicados versos, que en su pacífico silencio esconden la más sonora protesta; palabras que desgarran las almas de quienes las leen y dibujan en sus ojos miradas de asombro, pues reflejan hábilmente el dolor de un corazón que se desangra por haber perdido esa estrella que tiempo atrás lo iluminara, y ahora, apagada, lo ha dejado solo, desamparado. Palabras que cantan un amor correspondido, victorioso, que ha hallado el camino deseado, que goza de los sabrosos frutos de su triunfo, de esos cómplices momentos donde las palabras son sustituidas por los besos, cuando sobre la piel de los amantes se escriben románticas estrofas, y entre suspiro y suspiro nacen inmortales versos.
La poesía no entiende de idiomas, de fronteras ni de países; aborrece las diferencias, los enfrentamientos, y derrumba las murallas que con tanto ahínco otros crean. Pues la poesía no conoce barreras, y la única lengua que habla es la del amor y la concordia. Sobrevuela océanos, atraviesa Continentes; se zambulle en dulces ríos y en celestes mares. En ocasiones flirtea con la prosa, y fruto de un arrebato de pasión surge una hermosa obra.
Maravillosos mundos, donde todo es posible; donde, aún en medio de sus punzantes dolores, un alma herida halla un poco de alivio, cuando las sagradas tintas se vierten sobre el papel y como un bálsamo cincelan quejumbrosas líneas. Es por todo ello que la poesía vive en mí, para poder dar salida a mis angustias, a ese amor frustrado, a ese corazón partido, mutilado, quemado, desamparado, muerto, que cada vez late más lento dentro de mi pecho, ya sin apenas fuerza, cansado, indolente.
Poesía. En su hermosura se asemeja a la mujer, con sus delicadas formas, con la fineza de sus líneas, pero también con la sensualidad que transmite, que evoca ese cuerpo de lindas curvas, tantas veces convertido en la inspiración de los poetas; en la brillante luz que guía nuestras plumas y alumbra nuestras pupilas con fulgurantes destellos, o bien en la oscura sombra que inunda nuestros ojos en amargas lágrimas y nos sumerge en un mundo de tenebrosas tinieblas, cuando sus favores nos niega. Como ella es creación, es bondad, es vida; es fuente de paz, de respeto, de unión. Eso es la poesía.
Es por ello que en día tan memorable como hoy deberíamos recordar unos versos del gran Bécquer:
"Mientras haya una mujer hermosa
¡habrá poesía!"
JAVIER SÁNCHEZ GARCÍA
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