Apártate de las tentaciones
pero no tanto
como para perderlas de vista.
Juan Lopresti
Mientras se ponía la falda, él le preguntó:
̶ ¿Nos veremos el martes?
Ella revoloteo sus ojos, como buscando las palabras adecuadas, para luego decirle:
̶ No podemos seguir así, me siento cual si fuese una sucia pecadora…
El caballero respetó su sentimiento, agachó la cabeza y se mantuvo inmerso en un lúgubre silencio.
Al cabo de una interminable semana, ella reapareció imprevistamente ante él y con una actitud determinante, expuso:
̶ Estoy condenada...
No vine a buscar tu perdón.
¡Vine a pecar!
JUAN LOPRESTI
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