jueves, 5 de noviembre de 2015

DICTADOS


Me quedo mirando los espejos.
Apenas sisean en un concierto
abocados al suspiro.
Las calles pálidas como una consonante entre los miedos.
La pleitesía es un eco en mi cabeza,
a la hora en que la aurora dicta escalofríos,
la mirada que da la vuelta a la carne.
Entonces podría resucitar un espejismo entre  la niebla.
Tomar los posos del café como una merienda entre bambalinas.
Tomar las hojas como luceros en los coches,
mientras el otoño me infunde valor para acordarme
de los bancos del parque
que miran la sombra que se diluye
en los charcos.
Fluyen historias dormidas,
murmurando la enfermedad que corroe
mis entrañas como una termita dibujando arena en la memoria.
Me quedo aquí, mirando mis manos,
preguntando  a cualquiera
qué sentido tiene  cantar al alba,
si una pequeña lágrima se escapa en las rendijas.
Olvidé  apuntarla en la nota simple
del corazón.

Isabel Rezmo -Úbeda-

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