y su infausto proscenio de falacia,
no me apoyo jamás en la desgracia
para ensayar el rombo de mi día;
también surca el dolor mi poesía
empeñado en untarle paz y gracia;
la quiero, ya provenga desde Tracia
o de la milpa astral de mi osadía;
y la ofrezco sensual, en sintonía,
con el lampo vital de mi energía
o el corazón gigante que me mueve;
ya dibujo un soneto en geometría
y llevarlo al Parnaso, como estría
que te enrola, deleita, te conmueve.
Del libro “Renglones desprolijos” de RODOLFO LEIRO
Publicado en la revista Nevando en la Guinea 34
No hay comentarios:
Publicar un comentario