Recito desde la prontitud del hombre
la concepción inequívoca de los vivientes,
la enigmática vocación de ser lenguaje.
¿Qué otra parte del mar se ha hecho ojos?
¿Qué otra parte de los polvos
ha extraído palas, utensilios, azadones,
para dejar callos en las manos?
Canto desde el arrullo de la altura,
desde la emancipación de las vocales
que al viento le dan vuelo,
desde las trincheras impecables del deseo.
Soldados del amanecer, ¡humanos todos!;
mineros palaciegos que abren a voluntad
la celeste bóveda y le extraen el azul para que brille;
tejedores incansables de aletas y de alas,
del cielorraso, de la luminosidad,
del cobijo de las madrugadas;
soldadores de las lágrimas humeantes,
de las sonrisas imparables,
de los cátodos forjados en el abrazo,
en los saludos chispeantes y ardientes:
cantos que son del atardecer y las mañanas
sus letras de poderío y de pujanza,
y se recitan con los ojos moviéndose en las manos.
Cantos de la piel que son del hombre
los cantos de su voz en pecho,
su trajinar, su corazón en vuelo.
En cada pie su marcha.
En cada llanto el orbe.
Sobre el mar su lengua.
En las calderas de la tierra, su lenguaje
sin cadenas.
Del libro: Mexicanos al grito de guerra de Salvador Pliego
Poema dedicado a los abogados asesinados en Atocha
Hace 13 horas
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