jueves, 7 de noviembre de 2013

MI PEQUEÑO EJERCICIO DE PROSOPOPEYA (APRENDIZ)

La mesa grita por tantos golpes que ha sufrido todos estos años,
quieta, temerosa, sin poder doblar ninguna de sus cuatro patas,
ha perdido sus esquinas, se acabo su brillo,
ahora es vieja y se enfrenta a los días y las noches,
desnuda y frágil.

Sus fieles compañeras las sillas, al igual que ella se mantienen
firmes, con las patas aguadas, desgastadas y
los rayones cicatrices de tiempo pasado,
siguen ahí haciendo juego dentro de una casa.

MARIALUISA CORONADO

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