de luz iridiscente.
Acompañas el frío de la soledad misma,
como un espejismo de plata.
Contagias de efervescencia,
todo a tu paso.
No quieres ser reina por un día,
ni un bello objeto vacío y yerto.
Que en ti la pena, no acongoje,
el fervor oculto que nadie conoce.
Que la reválida de los días,
sea la confirmación de tu genio.
Y que la belleza exterior y ficticia
no sea el escaparate oscuro
por el que se quiebre la grandeza
de tu alma y de tus deseos.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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