He visto vivir a la gente desde lejos y a veces
se me ocurría pensar qué cosas habrían
tenido que pasar o si habrían podido recoger
lo necesario.
Digo -por ejemplo- de una pareja de jóvenes.
Los encontré cuando salían de la casa de sus
padres y los acompañé hasta el camino.
Estuve caminando con ellos hasta que
oscureció y tuve que volver. Ellos se siguieron
alejando.
Eran un hombre y una mujer jóvenes. Ella
llevaba un niño en brazos. Y no tenían
equipaje, ni siquiera suficiente ropa, sólo una
pequeña manta para cubrir esa noche al
niño.
No me animé a preguntarles adónde iban.
Podían no tener dónde ir.
Tanta era la luz y la fuerza de la imagen, que
pensé que eran un símbolo: del amor o de la
persistencia de la especie, algo así. No podía
sospechar que se trataba de nosotros
mismos; de los que ya no seríamos; del
camino que no íbamos a recorrer.
Del libro He visto vivir de Pablo Baca -San Salvador de Jujuy-
Publicado en la revista Hoja de Palabras
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Hace 2 horas
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