miércoles, 6 de noviembre de 2013

AL ANOCHECER

La luz empieza a ser palabra vieja.
Entre el cielo y los árboles el viento
se diluye cansado, amarillento.
La soledad ovilla su madeja.
Tu conoces el tiempo que se aleja,
ya rememora un íntimo momento.
Y allá va desangrado, macilento,
nuestro amor a morir sin una queja.
La tarde es una inmóvil despedida
de pájaros dormidos y olvidados
en las vetas oscuras de la vida.
Solo queda una absorta remembranza
buscando entre suspiros asustados
el antiguo color de la esperanza.

LUIS FLORENCIO ACOSTA -Argentina-
Publicado en la 2ª antología de poetas argentinos

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