el corazón golpea la piel hasta rasgarla.
Y es que las palabras no sirven.
Esa hoguera de astillas que rompe el velo invisible del universo,
no sirve.
Esa inalcanzable melancolía,
la añoranza de la soledad y el olvido.
Ese corazón alocado y dislocado.
Todo es la simetría de la vida.
Esa aceleración no puede desaparecer jamás.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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