Mi padre siempre fue un gran deportista y no llevó muy bien lo de tener un hijo escuálido como yo, centrado en las ciencias. El hombre probó con todo. Me regaló un balón de fútbol, uno de baloncesto, una raqueta con su respectiva pelotita amarilla, béisbol, rugby, hasta lo intentó con el golf, pero nada. La escena siempre era la misma. Él entraba emocionado en mi habitación cada vez que encontraba un deporte nuevo que ofrecerme, yo entre sorprendido y decepcionado, me subía las gafas y tras unos minutos en silencio mirándonos, suspiraba pensando que nunca tendríamos un hobby común. Entonces, mi progenitor, salía cabizbajo del cuarto. Pero un día al ver todos esos trastos amontonándose, supe que hacer con ellos. Comencé a fabricar un sistema solar. Al oír el ruido, mi padre vino a husmear que hacía y para mi asombro, comenzó a ayudarme. Por fin hacíamos algo juntos.
AZAHARA OLMEDA
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