A mis hijos se los lleva el viento. Dame el tuyo, no lo mates, yo lo quiero. Mi vientre está malherido y seco. No hay semilla que en mí germine. Deja que brote en mí la esperanza de ser madre de tu hijo nonato. No lo mates. Yo lo quiero. Tú no lo quieres, yo no puedo. No lo mates. Haz que amaine este viento helado que me arrebata un balbuceo en mitad de la noche. Aún no arrecia muy fuerte. Por eso, dámelo ahora. No se lo des, tú también, al viento.
Publicado por
MARÍA JOSÉ BERBEIRA RUBIO (Castelldefels) en su blog dondehabiteelolvido-airama.
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