Perdido en busca
de mi destino,
bajo la tierra,
hallé la más bella flor,
una rosa con nombre
de mujer.
Entre cruces patés
la diosa de mi ser,
ojos de aguamarinas,
la piel, suave como satén.
Tiembla mi alma
ante la perfección hallada,
diosa o mujer
fantasía de placer.
Soñaba con rojas cruces
compartiendo el mismo corcel
dos almas comparten
el mismo ser.
Otrora fuera mi vida
ahora recuerdos
tu mano entre la mía
mi alma ahora tuya.
Trotamundos de tesoros
amantes terciarios,
en un eterno viaje
y tú, mi único pensamiento.
Francisco Javier Díaz Aguilera.
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