domingo, 19 de enero de 2014

EL EXTRAÑO VISITANTE


—Joel, amor, ¿estás bien?— me pregunta mi esposa.
—Permíteme, voy a alcanzar a alguien— le contesto soltándome de su mano.
—Amor —me jala de nueva cuenta— ¿qué pasa?, el sacerdote está bendiciendo la tumba de tu padre; en cualquier momento bajaran el cuerpo. ¿A dónde vas?
Me quedo al lado de mi esposa y trato de mantener la compostura. No es posible lo que acabo de ver. Vuelvo a fijarme en el sujeto que ya se retira por la calzada principal del cementerio y mi esposa sigue mi mirada con inquietud.
Sí, es él;no puede ser su hijo, mucho menos su nieto; porque no tuvo descendencia alguna. Dios, no es cierto; Enrique “el loco”, así le decíamos. Yo nunca lo conocí en persona, era el mejor amigo de mi abuelo y solo a través de una fotografía en sepia de los dos cuando apenas tenían 18 años, es que lo reconozco. Siempre fue el ejemplo que nos daban en casa cuando alguien soñaba con hacer cosas
irrealizables. ¡Cuidado, no vayas a terminar como Enrique “el loco”!, nos decían.
Enrique, dejó todo atrás y persiguió el sueño de encontrar la piedra filosofal y el secreto de la inmortalidad. Estaba convencido de saber en dónde se encontraban los escritos originales de Nicolas Flamel y además creía poder elaborar el elixir de la vida. Un día abandonó su casa y nunca nadie lo
volvió a ver. Sus padres pensaban que se había trastornado leyendo libros sobre alquimia y decían que estaba obsesionado por los secretos de Flamel. Pronto corrió un rumor: ¡Enrique estaba loco! 25 años después, decidieron darlo por muerto al no saber nada de él, ni de su paradero.
Cuando regresamos esa misma tarde a casa, me dedico a buscar la fotografía de mi abuelo y de Enrique; si hoy mi abuelo viviera tendría 120 años de edad. Por fin encuentro la fotografía y me estremezco. Bajo con ella y le digo a mi esposa:
— ¿Reconoces a alguien?
— Sí, a él —lo señala—es el joven del panteón; ¿quién es Joel?
Un escalofrío me recorre; Enrique “el loco” no solo vive, sino que tiene 18 años de edad.

Mª del Socorro Candelaria Zarate (México)
Publicado en la revista digital Minatura 125

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