(Fragmento)
–Señor –sollozó un poco –. Tengo miedo que se haya equivocado de tienda.
–Estoy seguro de que no –le dije –, pero su tienda me lo demostrará. Creemos que es la tienda que buscamos y que estoy hablando con un miembro del Frente Azul. Movió su cabeza lentamente, y se retiró de la caja. El Frente Azul es ilegal –contestó –. Buenas noches, señor. –Un momento. Antes tengo que decirle unas cuantas cosas. –Así y todo, lo siento, señor. –Se retiró hacia una cortina que cubría una puerta –. No puedo escucharle. Nadie estará con usted en este establecimiento, señor, mientras hable así. Se deslizó por entre las cortinas y desapareció, mientras yo recorría con la vista toda la habitación grande y vacía. –Bueno –dije un poco alto –, supongo que tendré que hablar con las paredes, pues estoy seguro de que pueden oírme. Hice una pausa. No se oía nada. –Perfectamente, exclamé. Soy un corresponsal y todo lo que me interesa es información. Nuestra contribución a la situación militar aquí, en Santa María –y decía la verdad – demuestra que las Fuerzas Amistosas Expedicionarias, abandonadas por su Cuartel General, estoy seguro de que sufrirán un ataque de las Fuerzas Exóticas tan pronto como la tierra esté lo bastante seca como para que los ejércitos puedan atacar. No me contestaron, pero por detrás de mi cabeza, supe que me estaban escuchando y vigilando. –Como resultado –continué y ahora dije una mentira, ya que no tenían modo de saberlo –consideramos inevitable que el Mando Amistoso tenga que ponerse en contacto con el Frente Azul. El asesinato de mandos enemigos es una violación del Código de Mercenarios y del código Militar, pero los civiles podrían hacer lo que a los soldados no les está permitido en ningún caso.
Gordon R. Dickson (Edmonton, Alberta, 1923- 2001)
Publicado en la revista digital Minatura 120
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