Ha llegado la semana mayor.
Se arrastra entre escombros de su infancia.
Un dios que no es el suyo le persigue.
Pertenece al luminar tramposo,
patrón de los engaños, las barreras,
las rutas traicioneras,
las liminares fronteras que se pueden
atravesar a costa de la muerte.
El dios desnudo del caduceo.
alas en la gorra y los talones.
Pero el otro, cuelga de un madero,
derrotado y sangriento, creador
inconsciente del peor imperio.
¿Por quién llora el vasallo perdido
en el laberinto de los poderosos?
Por ambos y ninguno. Lo traicionan
mas le siguen la pista, carniceros.
A ver quién consigue colocar sus desechos
a los pies del Ídolo de turno,
¿Dónde encuentra al espíritu
que tiemble de terror, y falle,
la mano angélica que lo conduzca?
No los encuentra. Ha de imaginarlos,
entregar su fe al espejismo.
Alfredo Villanueva Collado Puerto Rico
Publicado en la revista Isla Negra 322
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