domingo, 12 de agosto de 2012

QUIZÁS MI VIDA NO SEA NADA MÁS QUE LA NOVELA EN LA QUE ME INVENTO.


# Le beso la boca, ahí está el cadáver. Quiero atravesarlo.
Lo beso y la lengua pasa. Mi boca, su único vínculo con el mundo.
Ahí está el cadáver y lo beso.
Otro corazón traspasado por mi lengua.
# “¿Qué haré con la vida que en mí vive y se revuelca en verdades mal documentadas?
Soy culpable de haberme engañado con realidades que heredé de mí misma.
Modelé el pensamiento a partir del magma estructural que me formaba.”
# Relieves abreviados por la rutina, “esos miles de detalles que conforman la vida”. Asumir el tedio como único castigo por ya haberlo encontrado todo. Desenfermar a la memoria química del cerebro que jura, bajo la pesada sombra de la certeza, que no existe algo mejor, que no habrá nada superior, ningún nuevo evento lleno de vértigo que esperar.
# “Con gran orgullo me permito la degradación de tanta virtud.
Soy muy por debajo de lo que puedo como escudo feroz ante el desencanto.”
# Besamos las bocas que oxigenan. No hay más respiración que la de ese aire dulce que hace cima y se ofrece en nuestro adentro, en los espacios comunes, diáfanos, que no esperan nada, pues nada les falta.
# “No he de buscar vivir por fuera de esta servidumbre, no he de alcanzar goce alguno, todo será ignorado, abdicado hasta que ya no quede nada por perder y por fin alcance la calma, la promesa muerta, la paz furibunda de no desear nada”
# La boca como una mezcladora de hormigón queriendo cimentar el espacio que divide, que separa el diálogo. Intentar materia en el vacío, en lo tenue, un pretexto que sustente alguna idea de unidad sobre la herida abierta. Conseguir una base tan sólida que cueste distanciarse si no es ejercitando un prudente ensayo sobre el espanto.
Con cuidado. Sin apuro.
Hay tiempo.

Del libro Atar es imposible de PAULA CARMAN

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