Se desgrana el deseo tan florido
por las locas esquinas de la ausencia,
que la noche te guarda la inocencia
en este bosque que quedó dormido.
El rumor de tu boca por mi oído,
y una marca sonora con urgencia,
hace que resucite mi presencia
de las horas quemadas del olvido.
Llegaste sobre el viento, casi a solas
con la ternura deshojando penas
que crecieron ayer en las farolas
que iluminan los astros de mis venas.
Destejiste, muchacha, las cadenas
con todos los olores de las olas.
Jesús Álvarez Pedraza. EUA-Cuba.
Publicado en la revista Carta Lírica 40
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