sábado, 11 de agosto de 2012
LA INCIERTA VOLUNTAD DEL SIGNO
LO MEJOR SIEMPRE ESTÁ LEJOS. MALDITA PROPENSIÓN (LA DE LO HERMOSO) DE CRECER SIEMPRE TAN LEJOS.
¿QUE POR QUÉ NO VOY A BUSCARLO? PORQUE ES INÚTIL. LO BELLO CORRE CON TANTA RAPIDEZ QUE SERÍA COMO INTENTAR REMONTAR EL MÁS DELICADO DE LOS BARRILETES EN EL RINCÓN MÁS APRETADO DEL VACÍO.
Pasamos por nosotros por entre nosotros. Llevábamos ladrillos rotos en las manos. Apoyados en dos árboles tomábamos todo tal cual se nos daba (importa poco asegurar los peldaños cuando uno necesita quedarse en lo llano).
Hubo palabras cabalgando animales. Se creyeron tan nuestras que nos hicieron fiesta todas las tardes. Por las noches, algunas se levantaban para devorarnos. Nuestros despojos amanecían con hambre de palabras que siguieran con la fiesta como primer borrador de nuestra risa.
Como si fuese indiscutible que en cada color vive un sonido y en cada forma una historia, la ciudad camina ahora por detrás nuestro, simulando un paisaje reciclable.
Cada tanto siento que todavía puedo dejar sin bodas a todas las cosas impares que me alman. Como a la desgracia de vivir tan al norte del alivio o a esta cara que busca una respuesta cierta en un pantalón sin bolsillos.
La clave está en el tiempo que pude enhebrar viendo cómo el mar se tragaba las botellas.
Yo que siempre supe saltear las canciones que menos me gustan, me veo reptar por entre los pastos sin saber que lo que busco quizás sean los pasos que voy dejando atrás.
Tus dedos se enrulan alrededor de mis muñecas, y mi pelo, como una madreselva, te acerca a esa hora que hasta hace poco me pertenecía.
La morfina me sonríe y yo floto mientras se diluye y se desparrama por debajo de mi ropa.
Solitaria y discreta, por el subsuelo de las cosas.
Del libro Atar es imposible de PAULA CARMAN
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario