La Guerra de los Mundos1 (Fragmento) Al parecer, los marcianos observaban a su nuevo antagonista con cierto asombro. Es posible que lo consideraran como uno de ellos. El Thunder Child no disparó sus cañones, sino que siguió avanzando a todo vapor en dirección a los monstruos. Probablemente fue este detalle el que le permitió acercarse tanto al enemigo. Los marcianos no sabían qué era. Un solo disparo y lo habrían hundido de inmediato con su rayo calórico.
El destructor avanzaba a tal velocidad, que en un minuto pareció hallarse a mitad de camino entre el vapor de ruedas y los marcianos.
De pronto, el marciano que se encontraba más adelante bajó su tubo y descargó un recipiente del gas negro contra el barco de guerra. El proyectil golpeó contra el costado del casco y derramó un chorro de la negra sustancia, que se desvió hacia estribor, levantándose luego en una nube de la que escapó el destructor. Para los que miraban desde el vapor de ruedas, a tan poca altura sobre el agua y con el sol en los ojos, pareció que se hallaban ya entre los marcianos.
Vio que los monstruos se separaban y se levantaban sobre el agua al retroceder hacia la tierra, y uno de ellos levantó el generador del rayo calórico. Apuntó con él hacia abajo y una nube de vapor levantóse del agua al tocarla el rayo. Seguramente atravesó el casco del destructor como un hierro candente atraviesa un papel.
Una llamarada súbita apareció por entre el vapor, que se elevaba, y el marciano se tambaleó entonces. Un momento más y se desplomaba, elevándose hacia lo alto gran cantidad de agua y de vapor. Resonaron los cañones del Thunder Child, disparando uno tras otro, y una bala golpeó en el agua muy cerca del vapor de ruedas, rebotando sobre otros barcos que huían hacia el norte y haciendo añicos una lancha.
Pero nadie se fijó mucho en eso. Al ver la caída del marciano, el capitán lanzó gritos inarticulados, que fueron repetidos por los pasajeros, apiñados a popa. Y luego volvieron a gritar, pues de las nubes blancas de vapor salió algo negro y largo que, aun siendo presa de las llamas, continuaba el ataque.
H. G. Well ( Bromley , Kent , 1866- Londres, 1946)
Publicado en la revista digital Minatura 120
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