Apenas unos centímetros de inmenso vacío, frío, ajeno y ajado por el tiempo,
un vacío insalvable, un vacío construido a base de insinuaciones y rechazos, de
deseos y frustraciones, de años de alejamiento progresivo, involuntario, tal vez, pero real.
Él mira la ventana, cerrada, sin luz, imagina, recuerda, tiempos pretéritos, tiempos felices, tiempos de
juventud, en la misma casa, en la misma cama, juntos, abrazados, él la besaba, ella le besaba, ambos
se amaban, cada noche, con amor, con deseo, con placer, ahora no, ahora sólo el vacío, y no
comprende porqué ella no le entiende.
Ella no mira nada, sólo finge dormir, le duele el rechazo, el rechazo repetido, pero es lo que el cuerpo
le exige, y no puede engañar al cuerpo, recuerda, tiempos pretéritos, tiempos felices, tiempos de
juventud, en la misma casa, en la misma cama, juntos, abrazados, él la deseaba, ella la deseaba,
ambos se amaban, ambos disfrutaban, pero algo cambió, en algún momento ella ya no disfrutaba,
ella ya no deseaba, y ahora sólo el vacío, y no comprende porqué él no la entiende.
Dos desconocidos compartiendo una misma cama, ambos se quieren, pero ya no se aman. Él la desea
carnalmente, pero ella ya no siente ninguna carnalidad. Se mira en el espejo y rechaza su figura
afeada por los años, por los embarazos y por la pereza de quien ya no es movida por ninguna ilusión,
no se siente atractiva, y rechaza su carnalidad, pero él no lo comprende, porque él la sigue deseando.
Rubén Sancho
Publicado en la revista LetrasTRL 46
Programa de radio La hora de la República
Hace 18 horas
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