jueves, 9 de agosto de 2012

CUANDO ALGO SE LES SALE DEL PLAN, LOS DIOSES ZAFAN CON CASUALIDADES.

Las brujas constantemente me sugieren una vida de dedicada y elaborada decadencia, pero todo lo que ellas dicen es siempre aplastado por una voz secreta que sale de mis huesos. La sabiduría que comienza cuando los dioses se distraen entre las dos identidades del silencio, para copular frente a mis inflamaciones mentales. Me siento más sabia y cínica que el infierno, y mientras mi cuerpo me habla y se mueve, yo me escondo en mi sombra, que pesa como cinco mil almohadas.
Pienso al mundo como un solo relato en el que soy dueña de todo lo que pasa. Para bien o para mal. Y siento que si no lo escribo en ese minuto, en ese exacto momento, corro el riesgo de convertirlo en un sueño y que ese sueño se desdibuje instantáneamente en el olvido. Los textos y yo nos escribimos mutuamente. Ellos me defienden de las vagas salpicaduras de algunas verdades, de la frustración anticipada, de la timidez del espíritu cuando piensa que nada de lo que siente es cierto y que el afecto es un simulacro, una metáfora ordinaria de algo similar a un alfajor de maicena o a una vacilación.
Hay que dejar de escapar del perseguidor que nos nubla, y entender que aunque no corramos, igual vamos a mantener la distancia.
Hay que dejar de ver la realidad así, con cada objeto redefinido por otro que lo abarca y lo confina en límites artificiales.
Hay que dejar y dejar de dejar.
Estamos todos invitados a exudar destellos sin sentir que los brazos son como alambres de humo que no llegan a integrarse a la fonética del cuerpo. Algunos sujetos renegamos de estos dones porque aceptarlos sería condenarlos a morir.
La misión del adjetivo siempre fue demorar al predicado.
Ayer me desperté pensando en un Buenos Aires probablemente vacío y al rato empezó la nieve a desplazar todo de su lugar lógico. El silencio se defendía de su imagen esquizoide clavándose en los parabrisas. Flotaba hasta caer como remache de luna, como confesión de aguapalabra. Toda la masa del universo se travistió para hacernos el favor de una mentira. Ayer los dioses exprimieron sus forros y pintaron con semen
varias galaxias de blanco.

Del libro Atar es imposible de PAULA CARMAN

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