Enredado quedé en tu cabellera,
oleaje otoñal, lábaro al viento.
Bajo mi propio pelo, el pensamiento
de tu corteza y fondo se apodera.
Tras la fragilidad de cristalera
percibo robustez y atrevimiento,
por eso vengo a ti, voraz, hambriento,
tremolando el instinto de mi fiera.
Tu paso firme no era de quien huye,
más bien de quien audaz se distribuye
en concepto de ofrenda universal.
Mi demanda, o premura, es más precisa.
Aspiro a tu contacto y tu sonrisa
en exclusión de roce incidental.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
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