Siete años de prisión.
Después el fuego.
Yo andaba en un lejano pensamiento,
y me viniste a ver,
Giordano Bruno,
descalzo,
pisando sobre toda la ceniza:
recuerdo de tu hoguera
en el campo dei fiori.
Desde
el inconcebible
universo del pasado,
te llegas hasta mí,
con todo el siglo dieciséis a cuestas.
Me despierto
al tacto de tu espíritu,
y la memoria poderosa y frágil
me da cita contigo.
Con cuánto atrevimiento
te abriste paso entre supersticiones.
Santamente irredento,
ante los ojos pones
el infinito en todas direcciones.
Navegaste aerolitos
como los sabios otean el suelo,
los sabios pequeñitos.
Desde tu mismo vuelo
divisaste al cartógrafo del cielo.
Por lo demás, aquí
todo aún sigue siendo lo que era.
Dirán que no es así,
pero si Dios viniera,
acabaría quemándose en la hoguera.
La que encienden los necios.
La de los poderosos insensatos.
La de los bajos precios
de los dioses baratos.
Que el progreso se asoma sólo a ratos.
El presente es altivo,
cree que el progreso y él forman un uno.
Pero es un dios cautivo.
Ya ves, Giordano Bruno,
no te ha alcanzado el siglo veintiuno.
Siete años de prisión.
Después el fuego.
¿Qué hay después del después?
¿Después del fuego?
BEATRIZ VILLACAÑAS
Publicado en la revista Oriflama 17
No hay comentarios:
Publicar un comentario